Así en los miles de circunloquios y abstracciones de la ciudad de México, tras una reunión de estudiantes en un barrio que fuera rural, Tlalpan, veo como los jóvenes se transforman, se sacan las corbatas y mascaras para adentrarse en una fumatón de crack. La lata de refresco como pipa, polvo blanco de dudosa calidad sobre el espejo y los jóvenes repletos de angustias poco a poco empiezan a perder noción de la realidad terminando en una paranoia grupal, pasando de fraternidad a amenazas y desconfianza.

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