Asilo DF

Mientras participaba como jefe de eléctrico para una filmación de mi escuela de cinematografía, me dí cuenta que una vez mas estaba en la ciudad de México sumergido en sus miles de matices. Un asilo de ancianos que estaba cerca de ser un locario, donde viejos esperaban abstraídos la visita que nunca llega, el paso del tiempo incrustado en un reloj que no mueve sus agujas y un cristo ensangrentado que cuelga en B&N en las paredes del asilo-hospital.

 

Equinoccio DF

Así es o fue para mi la experiencia en DF, una gran ciudad, un país aparte, miles de colores como millones de personas, distancias monumentales, perfume a tierra e indígenas, tanto como hormigón y grandes autopistas.

En uno de esos paseos en el tiempo libre de estudiantes, me encuentro un gran grupo de personas festejando el equinoccio de primavera, ejecutivos, señoras de blanco, familias enteras y uno que otro turista perdido, pidiendo y agradeciendo a la naturaleza por en nuevo ciclo que comienza, entremedio del smog y las grandes construcciones.

 

CrackTlalpan

Así en los miles de circunloquios y abstracciones de la ciudad de México, tras una reunión de estudiantes en un barrio que fuera rural, Tlalpan, veo como los jóvenes se transforman, se sacan las corbatas y mascaras para adentrarse en una fumatón de crack. La lata de refresco como pipa, polvo blanco de dudosa calidad sobre el espejo y los jóvenes repletos de angustias poco a poco empiezan a perder noción de la realidad terminando en una paranoia grupal, pasando de fraternidad a amenazas y desconfianza.